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De la cámara al cliente

Dónde se pierden de verdad los encargos

El trabajo no acaba al disparar

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La sesión ha ido bien. Vuelves a casa contento, dejas la cámara en la mesa y respiras. Y ahí, sin que nadie te avise, empieza la parte donde de verdad se pierden los encargos.

Las fotos están en la tarjeta: mil archivos con nombres de fábrica, sin copia y sin orden. Basta con que la tarjeta falle, con que borres la carpeta equivocada, o con que dos semanas después no encuentres nada y entregues tarde y a medias. No se pierde el trabajo disparando: se pierde después.

Un caso real de lo que duele. Terminas una boda, 1.800 fotos en una sola tarjeta. De camino a casa la dejas en el bolsillo, la conectas y no responde: tarjeta muerta, sin segunda copia. No hay reencuadre, ni revelado, ni «lo repetimos»: una boda no se repite. El talento del día entero no sirve de nada si el archivo no llega al cliente.

Disparar → Volcar y ordenar → Copiar (3-2-1) ↓ Seleccionar ← Revelar por lotes ← Entregar aquí se cae el encargo

El miedo a perder lo que has hecho o a entregarlo mal se quita con un método, no con más talento ni con equipo caro. Es lo que separa al aficionado del que inspira confianza.

El error que lo tira todo es fiarlo a «ya lo ordeno otro día». El día que lo dejas para luego es justo el día que la tarjeta falla o el cliente pide sus fotos. El orden no es una tarea aparte: es la última parte de disparar. Un fotógrafo que entrega tarde o pierde fotos no repite con ese cliente, por buenas que fueran las imágenes.

Nunca una sola copia. Mientras las fotos vivan solo en la tarjeta, un café derramado borra el encargo entero. Regla de oro: nada está hecho hasta que existe en dos sitios distintos.

Este curso es todo lo que pasa entre que bajas la cámara y el cliente abre sus fotos: ordenar, copiar, seleccionar, revelar por lotes y entregar limpio. Con lo que ya tienes, un móvil o un ordenador normal.

No hace falta ser ordenado de nacimiento. Hace falta hacer siempre lo mismo, en el mismo orden, hasta que salga solo. Empezamos por lo primero que hay que hacer al llegar: ordenar y renombrar los archivos para no perderlos de vista nunca más.